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| Inicios del
Surrealismo
Lorca
y Surrealismo Uno
Lorca
y el Surrealismo UNA
LUNA ENCONTRADA EN NUEVA YORK
Amero define el guión como “algo escrito por un soñador, por un visionario, que es lo que esencialmente fue Federico García Lorca.
Tiene la misma calidad de todo lo que escribió, el toque español, sus imágenes;
Bernice Duncan [su traductora al inglés] lo ha descrito como una mezcla de Picasso y Celine”. Entiendo lo que ha querido decir Duncan, ya que
Lorca hace referencia al traje de arlequín y en su viaje interior a la luna ofrece ciertos paralelos obvios con el Voyage au bout de la nuit
de Celine. Sin embargo, me parece igual de probable que el traje de arlequín venga de Dalí o de Cocteau. Las tres degollaciones contienen,
en efecto, varias imágenes que Dalí utilizaba en aque' momento. En Suicidio
en Alejandría podemos encontrar una alusión a los insectos y al ojo cortado : “Después de la
terrible ceremonia se subieron todos a la última hoja del espino, pero la hormiga era tan grande, tan grande, que se tuvo que quedar en el
suelo con el martillo y el ojo enhebrado.” De modo similar Lorca utiliza en Viaje a la luna “un gran dibujo de un ojo sobre una
doble exposición de peces” .La amistad entre Lorca y Dalí, iniciada en la Residencia madrileña,
fraguó hasta tal punto que el poeta fue a pasar sus vacaciones a casa de los Dalí en Cadaqués. Allí pudo conocer las teorías e ini:ereses
europeos de la vanguardia catalana. Durante su estancia de 1927 colaboró con Dalí en la redacción del Manifiesto Antiartístico, aunque su
nombre no figurase entre los firmantes. Aun siendo un poco viejo en su retórica, este mani-fiesto muestra la absorción de las ideas
futuristas y dadaístas por parte de la vanguardia española del momento:
El maquinismo ha revolucionado el mundo – antítesis del circunstancialmente indispensable futurismo – ha verificado el cambio más profundo que ha
conocido la humanidad. Para nosotros Grecia se continúa en la resultante numérica de un motor de aviación,
en el tejido antiartístico de anónima factura inglesa destinado al
golf, en el desnudo del music-hall americano.
Se observa también el proceso de filtración de los intereses
inmediatos del círculo de Diaghilev :
Nuevos hechos de intensa alegría y jovialidad reclaman la atención de los jóvenes de hoy.
el cinema,el estadio, el boxeo, el tenis y demás deportes, la música popular de hoy : el jazz y la danza
actual el salón del automóvil y de la aeronáutica
los juegos en las playa, los concursos de belleza al aire libre
el desfile de maniquíes...Primeramente el Manifiesto salió en L’Amic de les Arts. Un mes
después Federico García Lorca lo publicaría en gallo, abril de 1928. En el número
correspondiente a junio de 1927 ya había incluido el “San Sebastián”
de Dalí, obra que, como señala Marie Laffranque, ofrecía el mismo
humor ambiguo y las mismas ásperas facetas que los poemas en prosa de
Lorca pertenecientes a esta época.
Los cambios de estilo en la obra
Lorquiana eran insustanciales y carentes de importancia para Dalí. Federico García Lorca se negaba a
hacerse europeo y a enfrentarse con los prejuicios de su propia sociedad
estéril. Dalí Desahogó su cólera en un ataque contra gallo, acusándola
de “putrecfacción intolerable” y, en la misma vía, escribió en L’Amic de la Arts sobre la necesidad de “combatir todo aquello que sea
regional, típico, local”. Por entonces declara “el asco absoluto” que siente contra Platero y yo y subraya su desprecio hacia “el
marasmo putrefacto en que se mueve toda esa promoción de Prados, Altolaguirre...”, incluyendo implícitamente
a Federico García Lorca en esa “promoción”. En una carta que dirige a Lorca muestra
claramente su intención de romper con todo y rechaza con crueldad el nuevo estilo de su amigo, dando a entender que sólo abraza el acto
provocativo : “Tu poesía está ligada de pies y brazos al arte de la poesía más vieja. Tú quizá creas atrevidas ciertas imágenes y
encuentres una dosis crecida de irracionalidad en tus cosas, pero yo puedo decirte que tu poesía se mueve dentro de las ilustres acciones de
los lugares más estereotipados y conformistas.” Salvador Dalí intentaba entrar en el círculo de los surrealistas
franceses, por lo que toda referencia a elementos típicamente españoles
olía, según él, a provincianismo. Buscó el escándalo que lo
elevaría en la escala internacional, encontrándolo en la pequeña
frase “Yo escupo sobre mi madre”, que disparó en medio de
una conferencia sobre La moral del surrealismo en el Ateneo Barcelonés en 1930. Sin duda Breton se dejó impresionar más por la película que por esta retórica
pueril, aunque de todos modos incluye a Salvadaor Dalí en su libro clásico Le
Surréalisme et la Peinture ( El Surrealismo y la Pintura), donde escribe el siguiente análisis:
(Que denota sustancialmente
las diferencias esenciales entre Federico García Lorca y Salvador Dalí, así como la
dependencia de éste de los descubrimientos del psicoanálisis):
“Si
l’humour, démenti A la réalité, affirma-tion grandiose du príncipe
du plaisir est bien le produit d’un déplacement brusque de l’accent
psychique, ce dernier en l’occurrence retiré au moi pour etre
rapporté au surmoi, si le surmoi est bien l’intermédiaire
indispensable au déclenchement de l’attitude humoristique, on peut
s’attendre a ce que celle-ci prenne un tour fonctionnel, affecte un
caractere a peu pres constant dans des états mentaux déterminés par
un arret évolutif de la personalité au stade du surmoi. Ces états
existent : ce sont des états paranoiaques répondant, d’apres la
définition de Krapelin, au dévelopment insi-dieux, sous la dépendance
de causes internes et selon une évolution conti-nue, d’un systeme délirant
durable et impossible A ébranler, et qui s’ins-taure avec une
conservation complete de la clarté et de l’ordre dans la pensée, le
vouloir et l’action.” Federico
García Lorca, por su parte, se interesaba por el misterio del pasado. Quiso
penetrar en las raíces de su tradición cultural para descubrir lo que quería
decir ser de su pueblo y revelar la naturaleza de su canto. Se mueve con
elegancia por los bordes de esa tradición, comprobándola y desarrollándola
para sus fines. Mientras, Dalí quiso explotar sus obsesiones y neurosis
al objeto de enfrentarse con ellas, desafiándolas, siendo su actitud
egocéntrica expresión de una psique colectiva enferma. De esta
paranoia colectiva habla en su conferencia, imparida el mismo año en que Buñuel
realizó " L’Age D’or:“ El nacimiento de las nuevas imágenes
surrealistas hay que considerarlo, ante todo, como el nacimiento de las
imágenes de la desmoralización. Hay que insistir en la rara agudeza de
atención, reconocida por todos los psicólogos, prestada a la paranoia,
forma de enfermedad mental que consiste en organizar la realidad de tal
forma que podamos utilizarla para controlar una construcción
imaginativa. El paranoico que cree haber sido envenenado y descubre que
todo lo que le rodea, hasta en los detalles más imperceptibles y
sutiles, son los preparativos para su propia muerte.” Aunque no sea
justo sugerir que Federico garcía Lorca compartía con Dalí esta tendencia
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