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____________ CUENTO 028: Autor: Ambar Gómez ________________ ¡...Cuyagua!
Cuyagua está en la costa, allí donde el sol con sus cálidos brazos nos estrecha y cambia de color, donde no sólo hay cabida para respirar el fresco aroma de la mar... El retumbe de los tambores comienza a escucharse, allá a lo lejos están los hombres de la mar: Reunidos en círculo, en un ajetreado danzar, moviendo sus caderas al compás del son, los pies descalzos, uno adelante y uno atrás, hombres rodeando la doncella, quien con sus manos los aleja, tambores, tambores de verdad son estos de mi Caribe tropical. Y que decir de sus atardeceres, cuando no hay tambor que haga despegar la mirada de la mar, se pone amarilla y después colorada, los afeites los toma del cielo, y hasta le sirve de espejo... Más, no hay atardecer que nos separe del impetuoso sonido de la mar, cuando la brisa levanta las olas, una a una, allí están, murmurando... Ya vienen hacia mí, me ilusionan y se van, aunque por su manera de despedirse yo creo que me querían llevar: Venían animadas, vigorosas, pero, de repente, les faltó fuerza, trataron de alcanzarme, se encorvaron, estiraron sus brazos y rasgaron la arena, débiles se fueron y no me llevaron con ellas... pobre de mí, mar, si no me llevas. Soy una estrella de mar, soy “de mar”, sólo estoy atascada en esta red, los hombres de la mar únicamente querían atrapar peces, yo estaba camino a la superficie, me enredé en sus redes y aquí estoy. Viéndote desde la arena, sé que me quieres, porque de noche que es cuando más miedo tengo, subes tu marea y te acercas más a mí. Pero si tan sólo contigo me llevaras, prometería no volver a subir a la superficie, porque aunque es hermosa, yo soy “de mar”. Si tan solo me llevaras de regreso, podría hablarle a tus profundidades de la superficie y de los hombres de la mar, de lo caliente que pega el sol y de lo brillante que es la arena, de una cosa que se llama tambor y de otra que se llama palmera, de lo que es vivir del aire y la tristeza que esta red encierra... hasta les diría algo que suena a proeza: Que el mar se une con el río, allá en la esquina esa. La mar respondió después de escuchar las palabras de la estrella: ésta noche intentaré traerte de regreso, pero, si a pesar de mi esfuerzo no lo logro, espero que demuestres, buscando el camino a casa, que eres un ser inteligente. La estrella sonrió de felicidad y una vez que apareció el disco plateado, comenzó a contar las estrellas que iban apareciendo en el cielo, para pasar el tiempo, mientras esperaba su regreso a la mar. Esa noche hubo tormenta, feroz bestia con espuma en los belfos cual toro en ruedo: el mar estaba arrebatado, la marea subió más que de costumbre, con ímpetu y con espuma, enormes olas se levantaban unas contra otras, y las que lograban llegar a la orilla, fallaban en su intento de llevarse a la estrella de mar... otra vez estiraban sus brazos y arañaban la arena. Pobre estrella de mar, su mar no la había llevado, el único consuelo que tenía era que estaba absolutamente mojada debido a la tormenta, ya no iba a tener tanta sed, de repente se dio cuenta que la lluvia la había dejado cerca del río, en ese momento recordó las palabras del mar: ésta noche intentaré traerte de regreso, pero, si a pesar de mi esfuerzo no lo logro, espero que demuestres, buscando el camino a casa, que eres un ser inteligente... Sonrió con esperanza y le dijo al río: Señor río, he visto tu ruta, sé que desembocas en el mar, ¿podrías llevarme hasta él?, A lo que el río respondió: Será un placer para mí, transportar a tan inteligente estrella y, además, hija de mi hermano el mar. El río desvió un poco su cause y arrastró a la estrella hacia él, estrella se sintió como en el mar, a diferencia de que el agua era dulce no salada, y replicó: ¿cómo es posible que el mar sea tu hermano, si tú eres dulce y él salado?, el río se erizó en varios metros de su cuerpo, sonrió, volvió a su acostumbrada superficie lisa y respondió: Lo importante es que somos agua, dulce o salada, pero agua, igual que los hombres de la mar, pálidos o bronceados, pero hombres, igual que tú, de mar o de cielo, pero estrella. |
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